Instantes y azares -escrituras nietzscheanas- nace de las cenizas de Perspectivas Nietzscheanas, en un trabajo de des-apropiación del nombre. Perspectivas nietzscheanas surgió en 1992, y siguiendo los avatares económicos en nuestro país, logró, con grandes dificultades, aparecer hasta el número 5-6 de 1998. Habiendo corregido ya las pruebas de galera del número 7, de julio de 2001, azares diversos nos impulsaron tomar esta decisión del cambio del nombre. Decisión en el instante, que supone tanto el dolor cuanto la esperanza incierta -pero también la alegría-  de todo aquello que significa el abandono de un nombre.

Es verdad que Nietzsche es el filósofo que más ha hablado en nombre propio, pero, siguiendo a Derrida, sabemos en qué medida el nombre propio, que parece  la clave del logocentrismo, es lo menos propio., Frente a los supuestos “dueños” de los nombres,. la continua transformación de las máscaras nietzsccheanas y el cambio de firmas (Dyonisos- el crucificado-Caesar), muestran que no hay propiedad posible aquí, porque aún aquello de lo que nos consideramos más propietarios está ya, desde siempre, des-apropiándose ( en tanto lleva consigo la propia muerte de su supuesto propietario, trazo de ausencia en el nombre).

Nietzsche, filosfando en nombre propio, hace visible una configuración del “yo” que se constituye, no  desde una propiedad de un sí mismo fundacional, sino desde una “impropiedad”; la presencia-ausencia de los otros que escriben en nuestra supuestamente “propia” escritura. Escribir, aun en nombre propio (o sobre todo, en nombre propio) significa dejar toda propiedad de sí, en ese “ser atravesados” por los otros, que hablan en y desde nuestras palabras. Por ello, el filosofar y las escrituras nietzscheanas aluden a otra lógica que no es ciertamente la del mercado, ese mundo de los pequeños hombres del Zarathustra que reclaman “Todo para mí” (también los nombres)..

Retomando estas ideas, y sintiendo que el azar nos permite, en el instante, un ejercicio de des-apropiación -no planeado de antemano- , abandonamos nuestro viejo nombre y comenzamos, de nuevo, como Instantes y azares- escrituras nietzscheanas, agradeciendo a todos los que han colaborado desde que apareció el primer número de Perspectivas nietzscheanas, y sobre todo, a Stella Accorinti, madre de la idea del nacimiento de la revista por aquellos días, ya los compañeros que la secundaron.

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El año pasado nos tocó celebrar el centenario de la muerte de Nietzsche, y la revista Perspectivas nietzscheanas, junto con otras instituciones, se abocó a la organización de las Jornadas Nietzsche 2000: Nietzsche (no) ha muerto: entre arte, filosofía y política, Los artículos que aquí se presentan corresponden a algunas de las conferencias dictadas en las mismas.

En estas terceras Jornadas,  volvimos a unir lo académico y lo artístico. Frente a los ámbitos disciplinarios que se presentan como demasiado cerrados en sus saberes y haceres, la idea que nos convocó fue la de entrecruzamiento, de mezclas y vecindades, idea que supone una continua desestructuración de las seguridades y los resultados. El mismo pensamiento de Nietzsche, en el que conviven y disienten, al mismo tiempo, filosofía, literatura, arte, es un  “pensar cruzado”, atravesado por múltiples líneas de fuerza. La idea del filósofo artista, del generador de póiesis, muestra que la interpretación se construye en el cruce de fuerzas diversas de aquellos que denominamos  saberes diferentes a los efectos de la esquematización del mundo, pero esa idea de cruce permite la fluidificación de las fronteras y el continuo desplazamiento de los umbrales. En lugar de preservar identidades, la filosofía se arriesga a otros juegos, configura su logos entre las fuerzas y los logoi de los otros saberes.

“Nietzsche (no) ha muerto: entre arte, filosofía y política” fue el lema de estas Jornadas. Este “no” de Nietzsche (a la metafísica, a la moral decadente, a los trasmundanismos) patentiza así, entre paréntesis, su estado de epojé, y, con ello, su condición epocal, su estado de latencia, como un “no” que se reservara, entre paréntesis, las posibilidades de la negación. Este “no” fue también un “no” a la muerte de Nietzsche, casi una epojé del epitafio, de la frase que cierra y concluye una vida, una apertura a una resonancia más allá de los tiempos de la palabra dicha y escrita. Nietzsche no deja de hablar de su muerte en sus textos: su caracterización como póstumo está marcando esa presencia después de su vida, la constante referencia a su nombre propio, portador de la propia muerte en la medida en que es lo único que sobrevive de nosotros; el constante aludir a su escritura, otra superviviente.  La muerte de Nietzsche, entonces, es una clausura entre paréntesis, en tanto abre a esa otra vida, la del póstumo, la del que ya está muerto en vida porque nació demasiado pronto, pero que vive para los que estarán después de su muerte.

El año 2000 fue el año de la muerte de Nietzsche, y los homenajes se repitieron en distintas partes del mundo y también de nuestro país. Tal vez tanto homenaje haya producido un efecto de hartazgo. Hartos de Nietzsche tal vez estemos, entonces, dispuestos a amarlo de nuevo, un poco. Rilke decía que son los amantes los que son capaces de dejar los límites de la propia identidad: creo que en  ese ejercicio nos prueba constantemente esta filosofía que desconociendo las fronteras demarcatorias, nos pone siempre ante umbrales.

 

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