ADIÓS, HORACIO POTEL

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Casi no puedo creer que estoy escribiendo esta nota, porque las cosas no “deberían” ser así: no tendría que estar diciendo adiós a alguien que fue mi alumno y tesista, alguien a quien yo tendría que haber precedido en la muerte.  Horacio Potel falleció esta mañana, y quebró esa imagen de sucesión “lógica” que tenía en mi mente, cuando sé, por otra parte, que lo que acontece en el tiempo siempre nos descoloca, nos asalta, irrumpe. Esta mañana, fue, entonces, la noticia impredecible, no pensada: murió Horacio.

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Horacio Potel y Mónica Cragnolini, Brasil 2015

 

Conocí a  Horacio como estudiante en un seminario sobre Así habló Zarathustra, que dictaba en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires en 1996. Él se sentaba bastante adelante y no decía palabra, hasta el día en que se habló del eterno retorno: ese día me preguntó, de sopetón,  si el último hombre iba a volver. Cuando hice el corte  a las dos horas, para seguir más tarde la clase, se acercó y debo decir que me sentí intimidada por su presencia y su voz.  Horacio era  alto y de una contextura física importante, y volvió a a preguntarme, en forma ansiosa, si volvería el último hombre. Me impresionó su voz, que nunca había escuchado en clase, y que parecía estar anudada a un problema que más que teórico  sentí que era para él vital, existencial.  Luego cursó otros seminarios que dicté  sobre Heidegger y sobre Derrida. Empezó a participar más en las clases, y a evidenciar una gran lectura de los tres pensadores. Y con enorme generosidad, armó y mantuvo montones de años en la web las páginas Nietzsche en castellano, Heidegger en castellano y Derrida en castellano. Las  inició en una época en que no existía, como ahora, la posibilidad de escaneado, y sé que pasaba noches enteras tipeando textos. Gracias a sus páginas montones de estudiantes del ámbito hispanoparlante accedieron a textos  de difícil acceso veinte  años atrás. Cuando estaba en algún congreso en Colombia, México, Perú, Brasil, y otros países, estudiantes y profesores me contaban de la importancia que tenían para todos ellos las páginas de Horacio. Luego, cuando llegó la posibilidad del escaneo, comenzó a subir libros completos, no sólo en español. A raíz de eso, sufrió un juicio por parte de editoriales francesas, juicio que permitió plantear y discutir en nuestros medios el problema del libre acceso a la cultura. Yo supe un par de años antes  que esta situación de la demanda iba a ocurrir, porque colegas franceses  me pidieron que se lo advirtiera, pero Horacio permaneció imperturbable: no quitó su página de la web, y siguió subiendo más textos. Pienso que creía que era más importante que existiera más tiempo posible ese libre acceso, que tratar de quedar indemne sacando la página de la web. Y le llegó entonces la demanda, y el allanamiento,  y tuvo que padecer un juicio con todo lo que implica ser llevado “ante la ley”  por considerar que el acceso a la lectura debía ser libre. Pero, como dije, no se echó atrás aún sabiendo que iba a ser demandado, y defendió sus convicciones sobre el libre acceso,  y se presentó “de frente” ante la ley.

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Horario Potel y Fernanda Bernardo, Brasil 2015

 

Dirigí la tesis de Licenciatura en Filosofía de Horacio sobre la cuestión de las herencias en el pensamiento derridiano, tesis que defendió en 2010, y en ella  puso esta dedicatoria : Para http://www.jacquesderrida.com.ar/, la pró-tesis originaria”. Las páginas fueron eso, sus pro-tesis, los lugares en los que el trabajo paciente del tipeo era al mismo tiempo la labor del pensamiento que se detiene y se demora en la escritura, pero también sus prótesis: estaba encarnado y atravesado por ellas. Era impensable Horacio sin sus páginas, y creo que allí estaba mucho de su vida: más que hablar del modo en que él ayudó a muchos lectores con los textos que subía, Horacio se refería al modo en que las páginas lo ayudaron a él, casi una “terapia” en ese trabajo ascético de copiado letra por letra de los textos.

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Horacio Potel y Amanda

 

Recordaré a Horacio  siempre como un niño encerrado en un cuerpo imponente: sé que su figura intimidaba (como me intimidó a mí esa noche en el seminario sobre el Zarathustra), y sé también que su gran timidez lo colocaba a veces en actitudes que desconcertaban  a los que lo escuchaban, por ello impactaba tanto cuando se ponía a hablar “corazón en mano”. Porque allí, con el corazón en la mano, se sentía el eco de un niño que no soportaba muchas cosas a las que nos hemos acostumbrado demasiado como adultos: aspectos de la vida académica que hemos “naturalizado” y ya no cuestionamos, ciertas regularidades que damos por hecho  que son “necesarias” para seguir viviendo. Y por eso, digo, allí se sentía al niño, porque solo los niños (y Nietzsche diría también “los que van por sus propios pies al manicomio”) cuestionan lo que nos parece más obvio.

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Mónica Cragnolini, Jonathan Fajardo y Horatio Potel, Brazil 2015

 

Quisiera terminar este adiós impensado con una cita del mismo Horacio Potel, de su  tesis de licenciatura: “La survie, la sobre-vida, la ultra-vida de Jacques Derrida, está asegurada en mi imposibilidad de decirlo todo. Pero ¿y de mí? no quisiera decir de mí todo, decir quién soy, decírmelo, ¿no es el escribir una carrera alocada para escribirlo todo antes de que la muerte ponga fin a todo, termine con todo? Pero acá hay otro error. Nada ni nadie termina nada ni nadie. Ni la muerte termina.”

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Mónica B. Cragnolini

Buenos Aires, 27de setiembre de 2017

16 thoughts on “ADIÓS, HORACIO POTEL

  1. Vanina Rodríguez says:

    Me resulta tristísima esta noticia. Desde Alemania los textos que Horacio transcribió me ayudaron con mi tesis doctoral… ahora que no los encuentro en la red los extraño… pero más terrible es saber que ya no hay un Horacio a quien acudir.
    Tuve la oportunidad de conocerlo personalmente en un congreso de Nietzsche y Derrida en el año 2011 en la UBA…
    Qué tristeza y qué sensación de injusticia…
    Gracias Horacio…

  2. Jonathan says:

    Me deja desconcertado esta partida, y sin saber como portarla o dejarme portar. Extrañamente esta mañana tenía una clase aquí en Florencia, en el umbral de la amazonía colombiana, y unos estudiantes me preguntaban donde podían encontrar el texto de espectros de Marx, porque estamos viendo algo al respecto de Derrida y el espectro, y les sugería que busquen en la página abierta por el profe Horacio, con el link que él amablemente me dió. Y con las fotos que veo en su sobrecogedora nota dedicada a él he recordado la suerte de esa ocasión que me permitió saludarlo, escuchar su singular timbre de voz y escritura y compartir algunas palabras, además que tal como usted lo describe, en efecto, me impresionó esa sencillez de niño, cuando una mañana en el hotel bajó y me preguntó si no sabía donde podía encontrar una tienda para comprar unos dulces. Acaso pocas búsquedas filosóficas puedan valer más la pena y la alegria que esa. Realmente que la huella de su solidario coraje y la resistencia ante las perversiones del copyright seguirá abriéndonos al curso incesante de ese pensamiento amigo que no termina. Mientras tanto, desde donde sea que esté, tal vez algo suyo entre nosotros nos siga sonriendo a cada momento que violentemos la codicia de la usura editorial y abramos uno de esos archivos dictados por la libertad del pensamiento. (Me preocupa también Amanda, ojalá sus ojos vean la llegada de otro amigo(a) a quien cuidar.)
    Finalmente sepa que no deja de aparecer en mi memoria y sueño, así como a veces Horacio y que vayan a donde vayan y aún sin quererlo se llevan un pedazo de este corazón consigo…

  3. Rodrigo Ezequiel Brussotti says:

    Jamás pude conocer en persona a Horacio. Las imágenes que puedo evocar suyas se me dieron siempre en diferido, anacrónicamente. Y tal vez por ello resulten inagotables: escritos, anécdotas, fotografías. Pero siempre con una tónica en común: el inmenso amor manifiesto en ellas. Quizá sean aquellas imágenes que atesores junto a Horacio las que lo sobrevivan en su memoria.

    Mis condolencias

    Rodrigo

  4. Fernanda Bernardo says:

    A brutal surpresa da partida de Horácio deixou-me sem palavras…

    Recordo, com viva emoção, que passei alguns dos meus melhores momentos em Pelotas com Mónica e Horácio, a figura mesma da atenção silenciosa que se iluminava ao falar de Nietzsche e de Derrida… e, claro, de animais!

    Trago no coração o nosso passeio matinal sob o sol frio de Pelotas – e lembro as tocantes hesitações de Horácio a adquirir uma prendinha para a esposa, que, de alguma maneira, tivesse o timbre de Pelotas. Mónica, lembro, ajudou! O colorido da prendinha e do momento acompanha-me ainda… Acompanhar-me-á sempre! Restos espectrais que melancolicamente tecem as nossas vidas, sempre demasiado breves…

    Devemos à generosidade sem conta nem medida de Horácio, que declina bem a atenção silenciosa que nele vislumbrei, a disseminação do pensamento e da obra de Derrida através do link que paciente e laboriosamente criou – em tempos em que, como tão justamente Mónica refere, não só as teletecnologias não eram ainda o que são hoje, como o pensamento de Derrida não tinha também ainda a universalidade admirativa que tão justamente hoje tem … Era ainda uma paixão arriscada!

    Sou grata à vida e ao pensamento de Derrida pelo dom do meu encontro com Horácio, cuja partida tão dolorosamente hoje lamento – e não consola saber que ele continuará a viver em mim!

    Na comoção deste momento triste, um grande abraço, Mónica!

  5. Lucía Piossek Prebisch says:

    Una hermosa y muy conmovida nota la de Mónica para despedir a una persona sumamente valiosa y que ayudó a tantos en sus tareas de investigación. Gracias, Mónica

  6. Leandro Fojo says:

    Muy triste lo acontecido, guardo en mi memoria aquella tarde en que se tomó el trabajo de copiarme la película D’ailleurs, ese mismo día intercambiamos como chicos intercambian figuritas textos de derrida y luego nos fuimos al parque rivadavia a ver libros y charlar un rato, estoy muy apenado , le mando un fuerte abrazo a Andrea su mujer y a Mónica profesora , colega y amiga de Horacio.

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